Autobiografía

MI PRIMER DÍA EN PATINES

Soy María José Antury, nací el 14 de julio de 1998 en la hermosa ciudad de Cali y, desde entonces, he vivido innumerables momentos importantes en ella. En este texto, me voy a enfocar solo en uno: mi primer día en patinaje; pero no cualquiera, era patinaje de carreras, el deporte que más me ha marcado y por el cual aprendí mucho de lo que hoy en día sé.

A mis padres siempre les ha interesado que practique algún deporte. Mi padre, a pesar de que ha practicado muchos deportes se ha inclinado mucho por el fútbol; y mi madre, fue gimnasta olímpica. Practicar estos deportes los ha hecho caer en cuenta de que es muy importante para la formación de una persona, y por esto estuvimos buscando varios para que yo empezara con uno que me interesara.

Un día, mis papás y yo llegamos a un parque cerca de mi casa. Había muchos árboles y una pista rectangular de baldosa blancas. Hacía dos días habíamos ido a averiguar a la escuela por las clases de patinaje y ese día era el primero de muchos entrenos. La escuela se llamaba “Fire Wheels”, había dos profesoras ese día, una de ellas se llamaba Claudia y ella fue la que me recibió.

Al llegar al lugar, descargué una maleta bastante grande, donde tenía todos los implementos que usé. Dentro de esa maleta tenía los patines nuevos, me acuerdo mucho de ellos, eran azules oscuros; también llevaba todas las protecciones: tobilleras, rodilleras, coderas, muñequeras y un casco enorme que hacía un calor impresionante.

Cuando ya tenía mis patines y protecciones puestas, me intenté parar, pero no lo logré sola. Claudia me ayudó a dar mis primeros pasos en patines (si, pasos, porque cuando uno empieza a patinar no desliza el pie como debería ser, sino que intenta caminar como si no tuviera patines). Me costó mucho mantener el equilibro al principio, pero tras muchas caídas y muchos intentos, hubo un momento que logré mantenerlo y me sentí increíble. Ese día había muchos niños nuevos como yo, y al ver que fui la primera en mantener tanto tiempo el equilibrio me sentí genial, sentí que eso si era lo mío.

El entreno duró dos horas, y a pesar de que se me pasó el tiempo muy rápido, estaba súper cansada. Antes de irnos hicimos el estiramiento y hablamos un poco sobre nuestro progreso. Al salir de la pista, yo me quedé con otra niña que había entrado ese mismo día y, curiosamente, su mama se había sentado junto con mis papas a vernos entrenar. Y desde ese día, en cada entreno, tanto nuestros padres como nosotras, seguimos hablando; y con el paso del tiempo, nos hicimos amigas muy cercanas, tanto que hasta el día de hoy, seguimos hablando y seguimos siendo amigas.

El patinaje fue una fase muy importante en mi vida, ya que como fui aprendiendo poco a poco, fue aumentando el número de entrenos por semana, luego el número de horas y la cantidad de responsabilidades que obtenía. Me siento orgullosa de llegar hasta donde llegué (selección valle), y a pesar de que aún me arrepiento un poco de haberlo dejado estando tan lejos, me enseño muchos valores. Adquirí responsabilidad, honestidad y mucha disciplina también, el patinaje me enseñó a luchar por lo que quiero conseguir, el patinaje se convirtió en algo más que un deporte, se convirtió en una parte muy importante de mi vida, y hasta el día de hoy lo sigue siendo


CORRECCIÓN

MI PRIMER DÍA EN PATINES

Soy María José Antury, nací el 14 de julio de 1998 en la hermosa ciudad de Cali y, desde entonces, he vivido innumerables momentos importantes en ella. En este texto me enfocare solo en uno: mi primer día de patinaje de carreras, deporte que ha marcado mucho de lo que hoy en día sé. Todo comenzó un día que mis padres y yo llegamos a un parque cerca de mi casa. Había muchos árboles y una pista rectangular de baldosas blancas. Habíamos ido ahí hace un par de días a averiguar por las clases de patinaje que una escuela daba en esa pista, y ese día era el primero de muchos entrenos. La escuela se llamaba “Fire Wheels”, era pequeña, poco organizada y dirigida por dos profesoras. Una de ellas se llamaba Claudia, ella recibía a los que entraban nuevos para enseñarles lo básico, por lo tanto era la que me iba a enseñar ese día.

Al llegar al lugar, descargué una maleta bastante grande, donde tenía todos los implementos que usé. Dentro de esa maleta tenía los patines nuevos, me acuerdo mucho de ellos, eran azules oscuros; también llevaba todas las protecciones: tobilleras, rodilleras, coderas, muñequeras y un casco enorme que, al ponérmelo, me di cuenta que hacía un calor impresionante.

Cuando ya tenía mis patines y protecciones puestas, me intenté parar, pero no lo logré sola. Claudia me ayudó a dar mis primeros pasos en patines (pasos, porque cuando uno empieza a patinar no desliza el pie como debería ser, sino que intenta caminar como si no tuviera patines). Cuando ella me tenía de la mano se me hacía muy fácil pero había momentos en que me soltaba y no podía seguir. Me costó mucho mantener el equilibro al principio, pero, tras muchas caídas y muchos intentos, hubo un momento en el que logré mantenerlo y me sentí increíble. Ese día había muchos niños nuevos como yo, y al ver que fui la primera en mantener tanto tiempo el equilibrio me sentí genial, sentí que eso sí era lo mío.

En el transcurso del entreno estuvimos haciendo muchos ejercicios diferentes, sobre todo para poder mantener el equilibrio y poder pararnos solos. Muchos de nosotros logramos terminar todos los ejercicios, pero también había unos cuantos que no los hacían o los hacían incompletos. La verdad me sentí muy bien, ya que terminé los ejercicios y pude aprender a pararme sola.

El entreno duró dos horas y, a pesar de que se me pasó el tiempo muy rápido, estaba súper cansada. Antes de irnos hicimos el estiramiento y hablamos un poco sobre nuestro progreso. Al salir de la pista, yo me quedé con otra niña que había entrado ese mismo día y, curiosamente, su mamá se había sentado junto con mis papás a vernos entrenar. Desde ese día, en cada entreno, tanto nuestros padres como nosotras, seguimos hablando; con el paso del tiempo, nos hicimos amigas muy cercanas, tanto que, hasta hoy en día, seguimos hablando y seguimos siendo amigas.

El patinaje fue una fase muy importante en mi vida ya que, como fui aprendiendo poco a poco, fue aumentando el número de entrenos por semana, luego el número de horas y la cantidad de responsabilidades que obtenía. Me siento orgullosa
de llegar hasta donde llegué (selección Valle) y, aunque me arrepiento de haberme retirado estando en una categoría tan alta, me enseñó muchos valores, adquirí responsabilidad, honestidad y mucha disciplina también. El patinaje me enseñó a luchar por lo que quiero conseguir, se convirtió en algo más que un deporte, se convirtió en una parte muy importante de mi vida y, hasta hoy en día, lo sigue siendo.

1 comentario:

  1. La autobiografía de María José, es una autobiografía que permite evidenciar el sentimiento que tiene ella frente a este deporte, además lo que el patinaje permitió marcarla en su vida, a pesar de esto la autobiografía no logro conectarme del todo, ya que pienso que ella solo se quedó en los hechos y contar una parte de su primer día mas no interiorizo lo que realmente significaba este día para su desarrollo de la vida. Entiendo que es una autobiografía y ella está contando unos hechos pero a pesar de eso esta va dirigida a un lector y eso significa que debe usar métodos de escritura la cual permitan llevar al lector a imaginarse lo que pasó y que sienta cada vez más curiosidad en leer esta misma. Pienso que la historia tiene mucho de dónde coger y si la interioriza un poco más y le deja ver al lector relatos que no se queden en el simple hecho de que como se pudo parar en los patines etc., sino que ponga sus pensamientos frente a todo lo sucedido etc., esta se volvería en una autobiografía fenomenal. La autobiografía en sentido estructural es muy buena.

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